jueves 17 de septiembre de 2009

(1) ANTICIPACIÓN PROFÉTICA MESIÁNICA

ANTICIPACION PROFETICA MESIANICA



Yahveh Elohim es el Dios Eterno, [1]Uno y Trino[i][2], cuyo Verbo Divino, igual a Sí, el Hijo eterno de Dios, Su propia Imagen y resplandor de Su gloria, por Quien Dios se revela[3], es el arquetipo conforme al cual fue creado el hombre. Cuando Elohim dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza[ii][4], tal imagen y semejanza es el Hijo de Dios[5]. El hombre sería, pues, corporativo[6], destinado a la relación estrecha con el Hijo de Dios[7], conteniéndolo como vida para vivir por Èl[8], y configurándose a Su imagen y semejanza para expresar Su gloria[9]. Adam, el primer hombre[10], fue, pues, figura del que habrìa de venir[11]. Eva[12], entonces, figura de su mìstica esposa[13], tomada de su costado mientras él pasaba por el sueño profundo, para ser su asistente compañera y coheredera, su ayuda idónea, carne de su carne y hueso de sus huesos[14]. La vida del hombre sería la del Árbol de la Vida[15], corporificación de la vida divina que está con el Padre y es Su Hijo[16]. Al venderse el hombre al pecado y quedar bajo su poder y el de Satanás y el de la muerte[17], Yahveh Elohim prometió una Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente aunque fuese herida en el calcañar[18]. Vencería, pues, al pecado y a la muerte, al mundo y al diablo con su séquito. También Yahveh Elohim cubrió la desnudez del hombre con las túnicas de pieles de un sacrificio que prefiguraba el del Cordero de Dios[19]. Por eso Abel[20] se acogió por la fe a este sacrificio para poder ser acepto ante Dios, y lo fue en lugar de Caín[21] que apenas se confió en el fruto de su propia labor, lo cual es siempre insuficiente para reparar la ofensa de lesa majestad cometida contra Dios, Su santidad, justicia y gloria[22].



Desde Adam en el Edén y desde Abel, los hombres comenzaron a entender y usar el valor protector del sacrificio propiciatorio[23]. A esta fe se acogió Set [24] y su hijo Enós[25], comenzando éste último, como frágil mortal, a invocar el hombre de Yahveh. Enós fue el gran sacerdote antediluviano que enseñó a la humanidad primigenia la invocación a Yahveh; es, pues, figura del Sumo Sacerdote[26]. Caín, no obstante, salió y huyó de la presencia de Yahveh Elohim, tornándose Nod el errante y edificando con sus descendientes su propia civilización cainita, enajenada ahora del Único Dios Verdadero[27]. Aunque Caín mató a Abel, no pudo evitar que éste fuese sustituido por Set[28]. De Enós setita vino luego el séptimo desde Adam, el profeta que anduvo con Dios, Enok setita, arrebatado por Elohim[29]. Éste Enok setita profetizó diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los impíos han hablado contra Él”[30]. Y por este profeta vino luego, por Matusalem[31] y Lamek setita[32], Noé[33], que construyó inmediatamente antes del Diluvio el arca salvadora que prefiguraba al Salvador[34]. Este Noé hizo pacto con Dios, el cual fue bendecido como Dios de Sem, hijo de Noé, que acoge en sus tiendas al engrandecido Jafet[35].



Por los semitas vino Abraham[36] a quien Dios prometió que por su simiente bendeciría a las familias de la tierra[37]. Isaak, hijo de Abraham, prefiguró a aquella Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la Tierra[38]. La Simiente de Abraham sería, pues, la antigua Simiente de la Mujer, prometida para vencer el imperio de la serpiente. Isaak y su hijo Jacob I Israel recibieron la confirmación de las promesas hechas por Dios a Abraham[39]. Sara prefiguró el Nuevo Pacto, e Isaak al nacido por el Espíritu. Agar prefiguró al viejo pacto en la carne, e Ismael al nacido de ésta[40]. De Israel nació, pues, el pueblo de Israel según la carne, formado por las Doce Tribus; pero en medio de este Israel, se fue formando el Israel Espiritual, el verdadero Israel, circuncidado de corazón, con aquellos verdaderos creyentes en el Dios de Abraham y en su simiente prometida que bendeciría a las naciones, formado por los fieles y los profetas[41].



Jacob I Israel, antes de morir, inspirado por el Espíritu de Dios, profetizó a sus doce hijos. Entre ellos profetizó a Judá que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que viniera Silo[42], es decir, el Enviado, Aquella Simiente de la Mujer y Simiente de Abraham prometida, prefigurado en Adam, Cabeza de la Humanidad. Que no sería quitado el Legislador de entre sus piernas. Silo, pues, el Enviado, el Ungido, el Mesías, el Cristo, sería el verdadero Legislador, y vendría del linaje de Judá.



Yhaveh Elohim llamó y envió entonces a Moisés por medio del cual realizó con Israel y sus prosélitos, los términos de la Antigua Alianza que entregaba al hombre mandamientos a la carne, para demostrarle a éste la necesidad de una mayor liberación. Mas junto a los mandamientos colocó Dios las fiestas, y los sacrificios que cubrían sus pecados, prefigurando éstos, sacrificios y fiestas, incluido el sábado, la Gesta del futuro Mesías, el Ungido, el Cristo, aquella Simiente de la Mujer, y Simiente de Abraham, aquel Silo del Linaje de Judá[43]. Lo transitorio y pasajero de la Antigua Alianza lo enseñó Moisés al profetizar que Dios enviaría después de él a Un Profeta como él, que le salvaría la palabra de Dios, y que quien no oyese a ese Profeta, las palabras que El nos hablaría de parte de Dios, sería desarraigado del pueblo[44]. En tiempos de Moisés también profetizó Balaam que saldría Estrella de Jacob y se levantaría Cetro de Israel[45]. La simiente de la mujer que aplastaría al dragón, la Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la tierra, las naciones, la Estrella de Jacob, el Enviado, o Silo, del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, sería, pues, el Profeta anunciado por Moisés que hablaría las palabras de Dios que nadie podría desatender sin gravísimo peligro, y quien sería el verdadero Cetro de Israel.



Antes de que ese Cetro comenzase a ser más proyectado proféticamente, el Verbo de Dios, en una de sus salidas desde la eternidad como el Ángel de Yhaveh que apareció a Moisés en la zarza como el Dios de Abraham, de Isaak y de Jacob[46], y que había aparecido a Agar como el Viviente que Ve[47], y que luchó como Dios con Jacob en forma de varón[48], Éste, en otra de sus salidas desde la eternidad[49], así como acompañó a Israel en el desierto cual Angel de Yhaveh y Roca herida dadora de aguas[50], Éste apareció a Josué como Príncipe de los Ejército de Yhaveh introduciéndoles en la Tierra Prometida[51], figura de la plenitud de Cristo[52]. Josué, como Conquistador, prefiguraba al Mesías; y por eso la semejanza de su nombre con el de Jesús. Y el Ángel de Yahveh también apareció al pueblo de Israel Boquim, en el tiempo de los Jueces, confirmándoles el Pacto[53]. Era el mismo que había hablado a Job desde un torbellino[54], como hablaba a los patriarcas antes de èl[55]. Fue Aquel que apareció a la madre de Sansón y a su padre Manoa[56].



Habiendo Samuel establecido la monarquía hebrea[57], y habiendo sido escogido David[58] como rey según el corazón de Dios, prometió Dios a David que de su descendencia levantaría al Cristo. Que David mismo, por haber derramado mucha sangre, no le levantaría casa a Dios pero que el Hijo de David, Éste sí le levantaría Casa a Dios, y Dios le sería a Él por Padre, y Él le sería a Dios por Hijo, y Su trono seria eternamente[59]. Salomón, pues, en figura tipológica, como hijo de David, edificó el templo en Jerusalén[60]; pero el verdadero Hijo de David que le edificaría el verdadero templo no hecho con manos humanas, sería el Mesías, el Cristo, el Ungido, el Enviado, Silo del Linaje de Judá, Cetro de Israel, Estrella de Jacob, el Profeta, Simiente de Abraham y Simiente de la Mujer, ahora descendiente del rey David y edificador de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, verdadera Casa de Dios, formada por israelitas y gentiles[61], así como el templo de Salomón fue edificado con madera de Israel y de los gentiles allegada a Israel por Jope[62], hoy Tel-Aviv, entrada internacional a Israel de los gentiles, lugar donde el apóstol Pedro recibió en visión orden de Dios de abrir las puertas de la Iglesia Cristiana a los gentiles, tal como Jesús de Belem y Nazareth había ordenado a sus discípulos ir, después de a Jerusalem, a Judea y a Samaria, también hasta lo último de la Tierra para hacerle discípulos, de modo que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles según la promesa de Dios[63]. También otros profetas profetizaron acerca de la Bendición a los gentiles por medio del Mesías de Israel. Y así como cuando Salomón terminó de edificar el templo e introdujo el Arca del Pacto mientras 120 sacerdotes tocaban sus trompetas[64], así también 120 discípulos del Mesías testificaron del descenso del Espíritu Santo a la Iglesia Cristiana, Casa de Dios, a partir de Jerusalem[65].



Por eso profetizó David por el Espíritu Santo con las siguientes palabras postreras: “Habrá un Justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”[66]. David, siendo profeta, y a quien Dios le había prometido que de su descendencia levantaría al Cristo[67], hablando inspiradamente por Su Espìritu[68], profetizó que sería traicionado[69], horadados sus manos y sus pies, escupido, golpeado, mofado, abandonado a la sed con vinagre, clamando a Dios ante el abandono[70], pero que en la muerte su cuerpo descansaría sin ver la corrupción pues su alma no sería dejada en el Seol = Hades[71]; entonces, pues, resucitaría y se sentaría a la diestra del Padre, hasta que todos sus enemigos le fuesen puestos por estrado de sus pies[72]. También profetizó Job al decir que aún deshecha su piel en la muerte, aún en su carne vería a su Redentor[73]. Salomón también lo prefiguró en el Amado de la Amada en el Cantar de los Cantares.



De Éste Simiente de la Mujer, Simiente de Abraham para bendición de las familias de la Tierra, Estrella de Jacob, Silo del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, Profeta anunciado por Moisés, Hijo de David prefigurado y también por él profetizado, de Éste profetizaron también los profetas de Israel y de Judá. Isaías profetizó que la virgen daría a luz un niño, cuyo nombre Emanuel significa Dios con nosotros[74]; que tal niño nacería como Hijo que nos era dado y cuyo nombre sería Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz que reinaría eternamente sin lìmites[75]. Que saldría una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñaría de sus raíces. Y reposaría sobre Él el séptuple Espíritu de Yahveh quien le haría entender diligente en Su temor. No juzgaría según la vista de sus ojos, ni argüiría por lo que oyeran sus oídos, sino que juzgaría con justicia a los pobres, y argüiría con equidad por los mansos de la tierra, hiriéndola con la espada de Su boca. La justicia y fidelidad serían cinto de Sus lomos; y en Su reino hasta los animales estarían en paz entre sí y con los hombres. La Raiz de Isaí sería Pendón a los pueblos, y los gentiles lo buscarían[76]. También profetizó Isaías con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierras de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa”[77]. Profetizó también que Dios mismo vendría y la lengua del mudo sería abierta, el ciego vería y el cojo andaría y saltaría de gozo y el sordo oiría, y que habría Calzada y Camino de Santidad desde Su venida[78]. Mas sería precursado por una voz del desierto, Juan el Bautista[79], que le prepararía el camino y le enderezaría las sendas[80]. También profetizó Isaìas: “He aquí mi siervo; yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre èl mi Espìritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley…. Yo Yahveh te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por Luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”[81]. Y más profetizó Isaías diciendo: “He aquí que mi siervo será prosperad, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído. ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿ Y sobre quièn se ha manifestado el brazo de Yahveh? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en èl, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Yahveh cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahveh quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Yahveh será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los pecadores, habiendo El llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”[82]. También Isaías, prefigurando al Mesías, profetizó con las siguientes palabras: “El Espíritu de Yahveh está sobre Mi, porque me ungió Yahveh; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Yahveh, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Yahveh, para gloria suya”[83]. Y también Isaías, en el capítulo 63 de su libro, habla inspiradamente acerca de la venida del Señor para pisar el lagar[84].



El profeta Jeremías profetizó diciendo: “He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que levantaré a David Renuevo Justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: Yahveh Justicia Nuestra”[85]. Igualmente Jeremías anunció de parte de Dios que El haría un Nuevo Pacto, que daría Su ley en la mente y la escribirìa en el corazón, y que sería conocido hasta del más pequeño de los hermanos, y que perdonaría la maldad de su pueblo sin acordarse ya más de su pecado[86]. Como también el profeta Ezequiel anunció de parte de Dios que El quitaría el corazón de piedra y daría corazón de carne, y espíritu nuevo, haciendo andar en Sus estatutos, y colocando Su Espìritu dentro de Su pueblo[87]. Ezequiel vio al Hijo del Hombre en la gloria divina en medio de los querubines[88]. Oseas profetizó que Dios nos daría vida después de dos días y que al tercer día nos resucitaría y viviríamos delante de Él[89]. Joel profetizó que quien invocare el nombre del Señor sería salvo, y que El derramaría de Su Espíritu[90]. Jonás sirvió de señal al volver prácticamente de la muerte al tercer día[91]. Miqueas profetizó como Isaías acerca del reino de Yahveh y anunció la venida y sufrimientos del Mesías diciendo: “Con vara herirán en la mejilla al rey de Israel. Pero tú, Belèn Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el remanente de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel. Y Él estará, y apacentará con poder de Yahveh, con grandeza del nombre de Yahveh su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz”[92]. Habacuc vio su venida gloriosa con rayos brillante de luz[93]. Prácticamente casi todos los profetas hablaron de ese día glorioso final. Hageo profetizó diciendo: “Porque así dice Yahveh Sabaot: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones”[94].



El profeta Daniel en Babilonia, Media y Persia profetizó acerca del Mesías y su reino[95]. Interpretando el sueño de Nabucodonosor[96] vio que una Piedra no cortada con mano de hombre destruía la estatua que representaba la historia de los imperios mundiales, y crecía cual el Monte del Reino de los Santos del Altìsimo. También vio Daniel al Hijo del Hombre en una nube recibiendo del Anciano de Días el reino tras los imperios mundiales. Vio su sufrimiento a manos de un Vil, y la muerte del Mesìas, no por sí, tras los 69 septenarios contados a partir de la orden de Artajerjes[97] de restaurar y edificar Jerusalem. Vio el reino y la resurrección[98].



Zacarías también profetizó de su primera venida humilde y para sufrir, y también de su segunda venida gloriosa para juzgar y reinar. Anunció Zacarías así: “Alègrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem; he aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la Tierra. Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; Yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua”[99]. Y también anunció Yahveh por Zacarías diciendo: “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata… ¡Hermoso precio con que me han apreciado!....”[100]. Y dijo también: “Mirarán a mi, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”[101], Y también: “Se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los olivos, que está enfrente de Jerusalem al oriente… Y vendrá Yahveh mi Dios, y con él todos los santos… Y Yahveh será rey sobre toda la tierra”[102]. Malaquìas también lo anuncia y a su mensajero, así: “He aquí yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de Mi; y vendrá súbitamente a Su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el Angel del Pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Yahveh Sabaot”[103].

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[1] Ex.3:14; Dt.33:27; Salm.135:13; Is.40:28.

[2] Dt.6:4; Jn.10:30; Gal.3:20; 1Tim.2:5; Stgo.2:19; Mt.3:16,17; Is.63:9,10; [1Jn.5:7].

[3] Jn.1:1-3,14; Heb.1:3; Jn.1:18; Cool.1:15; 2Cor.4:4; Flp.2:6.

[4] Gn.1:26.

[5] Jn.1:18; 2Cor.4:4; Flp.2:6; Col.1:15; Heb.1:3; 1Jn.5:20.

[6] Ef.2:15,16; 1Cor.12:12.

[7] Jn.17:24; 1Cor.1:9.

[8] Jn.14:19; 1Jn.4:9.

[9] Rom.8:29; Ap.21:10,11.

[10] Adam de Edén, también conocido entre los antiguos como Atumu, Atum, Tum, Alulim, Aloros, Mula, Tanna-Kumpok, Tiki-ahua, Kuksu, Ask, Tuglay, Sihai, Unkulunkulu, Pelasgo, Foroneo.

[11] Rom.5:14.

[12] Ishsha Eva Adam de Edén, también conocida entre los antiguos como Ivi, Embla, Tuglibung, Mulai, Sinyaxau, Gea, Tellus, pandora.

[13] 2Cor.11:2,4; Ef.5:31-33.

[14] Gn.2:21-24; Ef.5:[30]-33.

[15] Gn.2:9,16; Ap.2:7.

[16] Jn.1:4; 5:26; 11:25; 14:6; Hchs.3:15; Rom.6:23; 2Cor.4:10-12; Col.3:4; 1Jn.1:1,2; 5:11,12.

[17] Gn.3:1-24; Rom.5:12-21; 7:14-24; Ef.2:3.

[18] Gn.3:15; Heb.2:14,15; Ap.12:1-5.

[19] Gn.3:21.

[20] Abel de Quedem, hijo de Adam, conocido en el Catálogo de Beroso como Alaparos, hijo de Aloros. En los priemas Weld-Blundell 62 y 444, de los sumerios, es llamado Alalgar, o Alagar. En otros lugares se le llama Amilabés.

[21] Caín Nod, conocido entre los sumerios como Kidunnusakinkin, según el prima Weld-Blundell 62. Quizá también conocido por los antiguos nórdicos como Imer, y su esposa Belsta. En Jubileos 4:9 la esposa de Caín es llamada Awan; y según el Liber Antiquitatum 2:2 es llamada Temec. Otros la llaman Saye, o Asaoúl, o Eswt.

[22] Gn.4:2-7.

[23] Gn.4:4; Heb.12:24; 1Jn.3:12.

[24] Set, también llamado Enmenluanna o Emeluanna, Amelon, Varuna y Urano. Según Jubileos 4:11 se esposa se llamaba Azura.

[25] Enós, también llamado Enmengalana, Emenluana, Amelon, Ammenon, Uanna, Daonos, Oannes.

[26] Gn.4:25,26.

[27] Gn.4:16-24.

[28] Gn.4:25.

[29] Gn.5:18-24; 1Cr.1:3; Lc.3:37; Heb.11:5; Judas Tadeo Lebeo 1:14,15; La tradición arcaica acerca del profeta Enok setita aparece también en los Catálogos de Grandes Personajes Antediluvianos del año 2400 antes de Cristo, es decir, el año humano 1920 desde Adam, en la época de Taré, encontrados por Weld-Blundell. El Catálogo W.B.444 hace mención de Enok setita llamámdolo Enmenduranna de Sipar, ocupando también el séptimo puesto del Catálogo, al igual que en Génesis y Judas Tadeo Lebeo que presenta a Enok setita como séptimo desde Adam. El Catálogo W.B.62 coloca a Enmenduranna de Sipar en el octavo lugar, pues incrusta otros personajes y cambia de lugar a algunos. Enmenduranna también es llamado Emenduranki, y el Catálogo de Beroso lo llama Evedoranjos de Pautibibla. En el Catálogo de Beroso, Evedoranjos de Pautibibla ocupa también el séptimo lugar como en Génesis, Judas Tadeo Lebeo y W.B.444. Batibira y Pautibibla son equivalentes; lo cual puede verse al comparar entre sí los Catálogos W.B.444, W.B.62 y Beroso. La tradición arcaica presenta a este personaje del que nos ocupamos, como hombre recto amado del Cielo, profeta que recibe revelaciones y a quien son comunicados los secretos, además de gran astrónomo y matemático, trasladado a los Cielos, líder sacerdotal antediluviano y escriba. Dícese que sus escritos fueron preservados por Matusalem y que sobrevivieron al Diluvio [4Enok92:1]. El Eclesiástico 44:16 lo llama “ejemplo de ciencia para todas las generaciones”. El sacerdote caldeo Beroso escribió de él en tiempos de Alejandro Magno, en el año 275 a.C.; es decir, en el año humano 4045 desde Adam. En el período intertestamentario las tradiciones enoquianas pasaron legendarias al llamado Libro 1 de Enok. También existen los Libros 2, 3, 4, 5 y 6 llamados de Enok. El Libro 1 de Enok se ha conservado en etiópico y griego; el Libro 2 de Enok en eslavo; el Libro 3 de Enok, sin embargo, no trata del Enok terrenal, sino de las visiones de la Merkabah contempladas por el rabino Ismael, el cual dice que en su visita al Cielo se encontró con Enok el hijo de Jared en la forma de Metatrón. El Libro 4 de Enok son fragmentos arameos. El Libro 5 de Enok son fragmentos coptos. Estos dos últimos se relacionan con el primero. El Libro 6 de Enok consiste de fragmentos en copto sahídico hallados en Asuán en 1909 y publicados por Munier. También hay noticias de la tradición enoquiana en los Textos del Qumram, principalmente de la Cueva 4. La Pistis Sofía también se refiere a Enok como escritor. Mahoma, en el Corán, se refiere a Enok como el sabio. Ver también [Jubileos 4:16-29]. El Liber Antiquitatum (1:15) llama a los hermanos de Enok: Lead, Anac, Soboa y Yetar; y a sus hermanas: Tetseco y Lesse.

[30] Judas Tadeo Lebeo 1:14-16; [1Enok1:9; 5:4; 27:2; 60:8; 93:2], [Jubileos 7:38,39].

[31] Matusalem, también conocido como Ubartutu, y Otiartes. Su esposa: Edna.

[32] Lamek setita, también conocido como Sukurlam, Shurupak, Imir y Hamsa.

[33] Noé, también llamado Utnapishtim, Ziudsuddu, Ziusudra, Siugigu, Xixitros, Atrakasis, Manu, Du Mu, Paupan Nan-Chaung, Deucalión, Belgermer, Coxcox, Teocipactli, Tepsi, Merewana, Sigu, Uassu, Tamandaré, Tamanduare, Tamendonare, trow, Tiu, Lohero, Qat, Noh, Nu-u. Su esposa: Emsara, Mysr, Msrh, Hmdrh Mswrh, Pirra.

[34] 1Pd.3:18-22.

[35] Gn.5:22 a 9:29.

[36] El nombre Abraham, en Tablilla de Dilbat: Aba(m)rama; en Textos de execración egipcios: Aburahana.

[37] Gn.11:10 a 12:1-3; Gal.3:8.

[38] Gn.15:1 a 35:29; Rom.4:16-22; Gal.4:21-31; Heb.11:19.

[39] Gn.26:2-5; 28:10-15.

[40] Gal.4:21-31.

[41] Rom.9:6-8,25-33; Gal.6:16.

[42] Gn.49:8-12.

[43] Col.2:16,17; Heb.10:1.

[44] Dt.18:15-19; Jn.1:21-23; Hechos 3:22-26.

[45] Num.24:15-17.

[46] Ex.3:1-22.

[47] Gn.16:1-15.

[48] Gn.32:22-32.

[49] Miqueas 5:2.

[50] Ex.23:20-23; 1Cor.10:4.

[51] Jos.5:13-15.

[52] Heb.3:17 a 4:11; Mt.11:25-30; Col.2:16,17.

[53] Jue.2:1-5.

[54] Job 38:1 a 41:34.

[55] Gn.2:16,17; 3:17-19; 4:6,7,9-12,15; 6:13-21; 7:1-4; 8:15-17; 9:1-17; 12:1-3; 13:14-17; 14:17-20; 17:1-21; 18:1-33; 21:12,13; 22:1,2,11,12,15-18; 26:2-5,24; 28:10-26; 31:3,24; 32:22-28; 35:1,9-12; 37:5-7; 40:5-13; 41:12-40; 48:3,4,13-20; 49:1-27.

[56] Jue.13:2-23.

[57] 1Sam.8:1 a 16:13.

[58] David, en la Estela de Tell-Dan de Hasael, descubierta por Abraham Biram.

[59] 2Sam.7:1-17; Salm.89:1-37; 1Cr.17:1-5; Jer.23:5; 33:15; Ezq.34:23; Os.3:5; Hchs.2:25-36; 13:21-23,34; Mt.1:1; 21:9; Lc.1:26,32; Rom.1:1-5; 2Tim.2:8; Ap.5:5; 22:16.

[60] 1R.6:1-38; 2Cr.3:1 a 7:22; Hchs.7:47-50; Jn.2:19-22; 1Cor.6:19; 2Cor.6:16; Ef.2:20-22; Heb.3:6; 1Pd.2:5; Ap.3:12; 21:3,10,11,14.

[61] Gn.18:18; 22:18; 26:4; 1Cr.16:31; Salm.2:8; 18:49; 22:27,28; 46:10; 47:8; 57:9; 67:2,4; 72:11,17; 82:8; 86:9; 96:3,10; 102:15; 108:3; 113:4; 117:1; 126:2; Is.2:2,4; 5:26; 11:12; 42:1,6; 49:6; 52:15; 55:4,5; 60:3; 61:11; 65:1; 66:12,18,19; Jer.1:5; 3:17; 4:2; 16:19; 18:8,9; Ezq.36:23; 38:16,23; 39:7,21,23,27; Miq.4;2,3; Sof.2:11; Hag.2:7; Zac.2:11; 8:22; 9:10; Malq.1:11,14; Mt.28:19,20; Mr.16:15,16; Lc.24:47; Jn.10:16; Hchs.11:17,18; 13:46-48; 15:13-32; 16:4; 22:17-21; 26:15-20; 27:23,24; Rom.1:5; 9:24-26; 10:11-13,18-20; 11:25; 15:8-12,15-21; 1Cor.12:13; Gal.3:25-29; Ef.2:11-22; 3:6; Flp.3:3; Col.3:10,11; 1Tes.2:14-16; Ap.5:9,10; 7:9-17; 14:6; 21:24-26.

[62] 1R.5:5-18; 2Cr.2:3-16; Hchs.9:36 a 10:48.

[63] Gal.3:14.

[64] 2Cr.5:2-12.

[65] Hchs.1:15; 2:1-12.

[66] 2Sm.23:3,4.

[67] Hchs.2:30.

[68] 1Pd.1:11.

[69] Salm.41:9; Mt.26:24; Mr.14:21; Lc.22:22; Jn.13:18; 17:12.

[70] Salm.22:1,6-8,12-18,22.

[71] Salm.16:8-11; Hchs.2:25-33.

[72] Salm.16:10; Is.53:10-12; Os.6:2; Salm.110:1; Mt.22:44; Mr.12:36; Lc.20:42,43, Hchs.2:34,35; 1Cor.15:25; Ef.1:20-22; Col.3:1; Heb.1:13; 8:1; 10:12,13.

[73] Job 19:25,26.

[74] Is.7:14; Mt.1:23.

[75] Is.9:6,7.

[76] Is.11:1-10.

[77] Is.32:1,2.

[78] Is.35:4-10; Mt.11:4.6; Lc.7:21-23; Jn.14:4-6; Hchs.9:2; 18:26; 19:9,23; 22:4.

[79] Juan el Bautista, Mt.3:1-17; 4:12; 9:14-17; 11:1-19; 14:1-12; 16:14; 17:13, 21:25-32; Mr.1:1-14; 2:18; 6:14-27; 8:28; 11:30-32; Lc.1:13-63; 3:2-20; 5:33; 7:18-33; 9:7-19; 11:1; 16;16; 20:4-6; Jn.1:6-40; 3:23-27; 4:1; 5:33-36; 10:40,41; Hchs.1:5,22; 10:37; 11:16; 13:24,25; 18:25; 19:3,4; ver en Antigûedades de los Judíos, Libro XVIII:5:2, de Josefo.

[80] Is.40:3; Malq.3:1; Jn.1:23.

[81] Is.42:1-7; Mt.12:18-21.

[82] Is.52:13 a 53:12; Hchs.8:30-35.

[83] Is.61:1-3; Mt.5:4; 11:5; Lc.4:18,19; 7:22.

[84] Is.63:1-6; Ap.19:13.

[85] Jer.23:5,6.

[86] Jer.31:33; Heb.10:15-17.

[87] Ezq.11:19; 18:31; 36:26,27.

[88] Ezq.1:26-28; 10:1.

[89] Os.6:2.

[90] Joel 2:28-32; Hchs.2:16-21.

[91] Jonás 1:17; Mt.12:40.

[92]Miq.5:1-5º.

[93] Hab.3:3-18.

[94] Hag.2:6,7.

[95] Dn.2:1,25,29-45; 7:1,9,10,13,14,18,22,26-28; 8:1,11,25; 9:1,26; 10:1; 11:22

[96] Nabucodonosor, en 2R.24:1-11; 25:8-22; 1Cr.6:15; 2Cr.36:6-13; Esd.1:7; 2:1; 5:12-14; 6:5; Neh.7:6; Est.2:6; Jer.21:2-7; 22:25; 24:1; 25:1-9; 27:6-20; 28:3-14; 29:1-3; 32:1-28; 34:1; 35:11; 37:1; 39:5-11; 43:10; 44:30; 46:2-26; 49:28-30; 50:17; 51:34; 52:4,30; Ezq.26:7; 29:18,19; 30:10; Dn.1_1.18; 2:1-46; 3:1-28; 4:1-37; 5:2-18; ver Ant.Jud.X:6:1-2, Josefo; Crónicas de los Reyes Caldeos, publicadas por Wiseman y Parrot.

[97] Artajerjes I Longímano, Esd.4:7-23; 6:14; 7:1-21; 8:1; Neh.2:1; 5:14; 13:6.

[98] Acerca de un análisis detallado de la profecía y genuinidad del Libro de Daniel, remito al lector al libro de este mismo autor, titulado: “Roma en la profecía de Daniel”; Ciudad del Este 1983. Véase también de Robert Dick Wilson: "Estudios en Daniel".

[99] Zac.9:9-11.

[100] Zac.11:12,13.

[101] Zac.12:10b.

[102] Zac.14:3,4,5c,9.

[103] Malq.3:1


Gino Iafrancesco V., Bogotá 2003.

(2) LINAJE MESIÁNICO

LINAJE MESIÁNICO


De manera que siendo el Mesías la Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, según prometió Yahveh Elohim delante de Adam y Eva,[1] Adam engendró a Set en el año 130 de la humanidad,[2] y éste a Enós en el año 235,[3] y éste a Cainán I en el 325,[4] y éste a Mahalaleel en el 395,[5] y éste a Jared en el 460,[6] en cuyo tiempo descendieron los vigilantes a la Tierra y tomaron para sí mujeres engendrando gigantes y enseñándoles diversas perversiones;[7] Jared engendró en el año 622 desde Adam al profeta Enok setita que caminó con Dios, profetizó y fue tomado por Elohim.[8] Enok setita engendró a Matusalem en el año 687,[9] el hombre que mayor edad ha alcanzado en la Tierra,[10] pues Dios era longánime, pues cuando Matusalem muriera, el Diluvio se desataría sobre toda la Tierra. Matusalem engendró a Lamek setita en el 874,[11] y Lamek setita a Noé en el año humano 1056.[12] Noé, con sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas: Emzara, Sedacatlebab, Nahlatmehoc y Adatnese,[13] sobrevivie ron al Diluvio el 27 de Zif (Iyyar) del año 1657 desde Adam, cuando salieron del arca.[14]

El Bendito Dios de Sem se revelaría a esta descen dencia. Sem, pues, engendró a Arfaxad en el año humano 1658,[15] y éste a Cainán II Sala en el 1693,[16] y éste a Sala II en el 1723,[17] y éste a Heber en el 1753,[18] de donde vinieron los hebreos. Heber engendró a Peleg cuando se partió la Tierra Adama o Pangéa y comenzó la deriva de los continentes en el año 1787 desde Adam.[19] Peleg engendró a Reu (Ragau) en el año humano 1817,[20] y éste a Serug[21] en el año 1849,[22] y éste a Nacor I en el 1879,[23] y éste, en el año 1908, a Taré, padre de los tarekitas hebreos[24] mencionados en la ugarítica Epopeya de Keret Refaíta,[25]y padre de Abraham,[26] de cuya Simiente prometida llegaría la Bendición a las familias y naciones de la Tierra,[27] y el cual nació en Ur de los Caldeos cerca al año 1978 desde Adam.[28]

La Simiente de la Mujer sería entonces también la Simiente de Abraham; por lo cual Abraham engendró a Isaak en el año humano 2078,[29] y éste a Jacob I Israel en el año 2138,[30] y éste a Judá I cerca al año 2192,[31] cuyo cetro no sería quebrado hasta que viniera Silo, el Enviado, el Legislador de entre las piernas de Judá.[32] Por lo cual Judá engendró a Fares en el 2256,[33] y éste a Esrom, y éste a Aram cerca al año 2451,[34] y éste a Aminadab, y éste a Naasón, y éste a Salmón,[35] esposo de Rahab la ramera salvada por fe en los dias de Josué, a la caída de Jericó;[36] y Salmón y Rahab engendran en el tiempo de los Jueces a Booz, esposo de Ruth la moabita,[37] pasadas ya las diez generaciones moabitas que no podrían entrar en relación con la congregación de Yahveh, según Deuteronomio 23:3.

Las diez genera ciones prohibidas a Moab fueron: (1) la de Abraham, en cuyos tiempos, de Lot y su hija mayor nació Moab; (2) la de Isaak; (3) la de Jacob I Israel; (4) la de Judá I; (5) la de Fares; (6) la de Esrom; (7) la de Aram; (8) la de Aminadab; (9) la de Naasón; (10) la de Salmón y Rahab. La generación (11) fue la de Booz, que sí pudo recibir a Ruth la moabita, nuera de Noemí, según las Cronicas de Samuel, Natán y Gad.[38] Booz y Ruth engendraron a Obed, y éste a Isaí, mencionado en las profecías de Isaías acerca del Mesías. Isaí engendró al rey David, guarda del Cetro de Israel en el año 3200 desde Adam,[39] y éste al rey Salomón y a Natán,[40] según el nombre de su amigo el profeta.

Salomón engendró al rey Roboam en el año humano 3269,[41] y Natán a Matata, y éste a Mainán.[42] Roboam engendró al rey Abiam (Abías), y Mainán a Melea, y éste a Eliaquim.[43] Abías engendró al rey Asa, y Eliaquim meleíta a Jonán, y éste a José I.[44] Asa engendró al rey Josafat, y José jonanita a Judá josita, y éste a Simeón.[45] Josafat engendró al rey Joram de Judá, y Simeón judaíta a Leví I simeonita, y éste a Matat.[46] Joram engendró al rey Ococías de Judá que anduvo en los caminos de Acab y Jezabel, y quien fue muerto por orden de Jehú,[47] y a quien el apóstol Leví Mateo no juzga digno de mencionar en la ascendencia del Mesías.[48] Matat levita de la tribu de Judá engendró a Jorim, y éste a Eliezer.[49] Ococías de Judá engendró al rey Joás de Judá en tiempos del sacerdote Joiada, y Eliezer jorimita a Josué elezierita, y éste a Elmodam.[50] Joás engendró al rey Amasías de Judá. Tampoco Mateo juzgó digno mencionar a éstos, Joás y Amasías de Judá, en la genealogía del Mesías.[51] Elmodam engendró a Cosam, y éste a Adi.[52] Amasías engendró al rey Azarías (Uzías) de Judá,[53] y Adi a Melqui I, y éste a Neri.[54] Uzías engendró al rey Jotam de Judá,[55] y éste al rey Acaz de Judá,[56] y éste al rey Ezequías de Judá, gran restaurador,[57] y éste al rey Manasés de Judá, malo, pero luego arrepentido, engendrado en el tiempo extra de gracia que le concedió Dios a Ezequías por el profeta Isaías haciendo retroceder la sombra diez grados. En ese tiempo de gracia nació el rey Manasés de Judá, antepasado del Mesías.[58] Manasés engendró al rey Amón de Judá,[59] y éste al rey Josías de Judá, también gran restaurador del imperio de la Ley;[60] éste engendró al rey Joacaz de Judá, sustituído como rey por su hermano menor el rey Eliaquim (Joacim) de Judá,[61] según maniobra política del Faraón Necao, pero al cual llevó cautivo Nabucodonosor a Babilonia.[62] Joacim engendró al rey Joaquín.[63]

Éste Joaquín rechazó La Ley. Éste es también Jeconías, y es también Conías; diferentes nombres del mismo personaje. A éste Joaquín Jeconías Conías de Judá llevó cautivo a Babilonia Nabucodo nosor, y lo sustituyó como rey de Judá por su tio Matanías Sedequías rey de Judá.[64] Entonces comenzó a profetizar el profeta Ezequiel, el cual, a pesar de la cautividad, profetizó también la futura Presencia en el Israel restaurado de Yahveh Presente.[65] Jeremías profetizó que ninguno de los descendientes de Jeconías se sentaría en el trono de Judá, y que sería un hombre privado de su descendencia.[66] No obstante, las Sagradas Escrituras declaran que Jeconías tuvo hermanos.[67] Jeconías murió sin hijos, como lo profetizó Jeremías; por lo tanto, según la ley del levirato,[68] uno de sus hermanos debía tomar a su esposa por mujer y levantarle descendencia. Neri, entonces, su hermano uterino, engendró a Salatiel, hijo de Neri,[69] como si fuese hijo de Jeconías.[70]

Salatiel engendró a Pedaías, y éste a Zorobabel,[71] goberna dor de Judá, por quien fue restaurada la Casa de Dios en Jerusalem al regresar del cautiverio babilónico.[72] Zorobabel engendró a Abiud y a Resa;[73] Abiud a Eliaquim , y Resa a Joana.[74] Eliaquim a Azor, y Resa a Judá II joanaíta.[75] Azor a Sadoc, y Judá II joanaíta a José I Judaíta, y éste a Simei.[76] Sadoc a Aquim, y Simei a Matatías I, y éste a Maat.[77] Aquim a Eliud, y Maat a Nagai, y éste a Esli.[78] Eliud a Eleazar, y Esli a Nahum, y éste a Amós.[79] Eleazar a Matán, y Amós a Matatías II, y éste a José II matatita, y éste a Jana joseíta, y éste a Melqui II, y éste a Leví I melquita, y éste a Matat Melqui III, y éste a Elí.[80] Por su parte, Matán eliazarita engendró a Jacob II matanita.[81]

El Talmud, Guemará, Orden 2_ Mo'ed, en Haghigha 77:4, dice que Elí matatita del linaje de David fue el padre de María la madre del Señor Jesús Cristo. La tradición dice de María ser hija de Joaquín y Ana. Por su parte, el historiador Julio Africano (200-245), escribió su Carta a Aristídes, donde se recoge la explicación misma dada por José III, padre putativo de Jesús, y María su esposa, acerca de sus genealogías, a la iglesia primitiva contemporánea de ellos. José y María explicaron personal mente a los primeros cristianos que ellos poseían tablas genealógicas privadas, los Despósinoi en el Libro de los Dias, tomadas de visitas a las aldeas de Nazareth, Locoba y demás.

La razón por la cual muchos linajes, especialmente los provenientes de David, tenían tablas genealógicas privadas, era porque el idumeo Herodes II llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, mandó quemar los registros oficiales para ocultar que él no tenía raíces israelitas; pues a la verdad, su padre Antipas Antipatro fue herido y raptado del templo de Apolo en Ascalón, Palestina, por unos bandidos idumeos, que al no poder cobrar el rescate a su padre Antipas Herodes I, sacerdote de Apolo, lo dejaron entre ellos donde fue criado en sus costumbres; después Antipatro entabló amistad con Hircano, sacerdote de Judea, y fue su embajador ante Pompeyo. Su hijo, también Herodes como su abuelo, quiso, pues, ocultar este trasfondo quemando los registros oficiales cuando fue nombrado rey de los judíos por Augusto y Antonio. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo suyo, arregló la cola de paja de Herodes II, llamado el grande, pretendiendo que provenía de "una de las principales familias judías que habían venido de Babilonia".

La Carta a Aristides de Julio Africano pasó a los registros históricos de Eusebio de Cesarea; también Basilio Magno, Jorge Syncellus y Gallandi conservaron escritos históricos de Julio Africano, al que también se refieren Orígenes, Dionisio Bar-Salibi, Suídas, Jerónimo y Focio. José y Maria explicaron a los primeros cristianos que Matán elezierita padre de Jacob II matanita, murió dejando viuda a su esposa de nombre Estha; entonces Estha fue desposada por Matat Melqui III engendrando a Elí. Por lo tanto Elí y Jacob II matanita son hermanos uterinos, siendo Estha madre de los dos: de Jacob II matanita del linaje de David por Salomón, y de Elí del linaje de David por Natán. Elí murió sin dejar hijos varones; entonces Jacob II matanita, que ya tenía dos hijos con su propia esposa, según la ley del levirato tomó, en nombre de su hermano uterino Elí, a la esposa de éste y engendró a José III , esposo de María, y padre putativo de Jesús de Belén y Nazareth. Por lo tanto José III, esposo de María, es hijo legal, según la ley del levirato, de Elí, como aparece en la genealogía registrada por Lucas en su Primer Tratado; pero también José III, esposo de María, es hijo, según la carne, de Jacob II matanita, como aparece en la genealo gía registrada por el apóstol Leví Mateo en su Evangelio.
Siempre, desde el rey David, estuvo el reino en manos de sus descendientes, incluso durante la cautividad babilónica, pues Nabucodonosor entregó el trono de Joaquín a su tío Sedequías.[82] Ciro el Persa[83] apoyó el gobierno de Zorobabel.[84] Lo mismo hizo Darío el Persa.[85] Pero llegado el tiempo de la primera venida del Mesías para sufrir, según la profecía de Daniel acerca de los 70 septenarios,[86] el trono del rey de los judíos fue usurpado por el idumeo Herodes II, llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, cumpliéndose la profecía de Jacob I Israel, de que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que viniera Silo.
Para esta sección genealógica mesiánica, hemos usado, pues, La Torá, los Nebiim, Los Ketubim, el Evangelio del apóstol Leví Mateo, el Primer Tratado (el Evangelio) de Lucas, las Antigüedades de los Judios, de Josefo, El Talmud: Guemará: Orden 2° Moed: Haghigha 77:4, escrito por el rabino Asi, la Carta a Aristides de Julio Africano, y la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.
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[1]Génesis 3.15.
[2]Génesis 5:3.
[3]Génesis 5:6.
[4]Génesis 5:9.
[5]Génesis 5:12.
[6]Génesis 5:15.
[7]Génesis 6:1-6; 2 Pedro 2:4,5; Judas Tadeo Lebeo 1:6,7; [1 Enok 6:1 a 9:11]; [4 Enok 6:4 a 8:4]; [1Q20:III:3; 4Q201:III:1-23].
[8]Génesis 5:18,22-24; Hebreos 11:5.
[9]Génesis 5:21.
[10]Génesis 5:27.
[11]Génesis 5:25.
[12]Génesis 5:28,29.
[13][Jubileos 4:33; 7:14-16]; [Al-Tabarí 173, 202, 203].
[14]Génesis 8:14-16. Para una cronología, puede verse la obra de este mismo autor titulada: Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[15]Génesis 11:10.
[16]Génesis 11:12 LXX; Lucas 3:36; He restado 100 años de la LXX para adaptarlo al Texto Masorético.
[17]Génesis 11:13 LXX; Lucas 3:35. Ibid. Ver Cronología en Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[18]Génesis 11:14. Heber; ver el nombre Ibrium, visir de Irkab-Khalam en los Archivos de Ebla. Ver también los Textos de Mari, y la Epopeya ugarítica de Keret refaíta.
[19]Génesis 10:25; 11:16.
[20]Génesis 11:19.
[21]Serug, el mismo nombre Sharugi en los Textos de Harán.
[22]Génesis 11:20.
[23]Génesis 11:22. Nakhur en los Textos de Mari.
[24]Génesis 11:24.
[25]Al respecto puede leerse en el libro de este mismo autor, titulado: Sefer Gitaim; Bogotá, 1998.
[26]Génesis 11:26.
[27]Génesis 12:1-3; Gálatas 3:14-18,29.
[28]Génesis 25:7.
[29]Génesis 21:5.
[30]Génesis 25:26.
[31]Génesis 29:27-35. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[32]Génesis 49:8-12.
[33]Génesis 30:22-24; 37:2; 38:1,18,27-30.
[34]Éxodo 6:20.
[35]Rut 4:18-20; 1 Crónicas 2:5-11; Mateo 1:3,4; Lucas 3:32,33.
[36]Mateo 1:5; Josué 2:1,8-21; 6:22-24.
[37]Rut 4:21; Mateo 1:5.
[38]1 Crónicas 29:29. Según este verso, las Crónicas de Samuel, Natán y Gad abarcan los libros titulados: Josué, Jueces, Ruth y Samuel.
[39]Rut 4:21,12; 2 Samuel 5:4. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[40]1 Crónicas 3:5; Mateo 1:6; Lucas 3:31,32.
[41]1 Reyes 14:21.
[42]Lucas 3:31.
[43]1 Reyes 14:31; 15:1; 2 Crónicas 13:1,2; Lucas 3:30,31.
[44]1 Reyes 15:8-10; 2 Crónicas 14:1; Lucas 3: 30.
[45]1 Reyes 22:41; 2 Crónicas 17:1; Lucas 3:30.
[46]2 Reyes 8:16; 2 Crónicas 21:1, Lucas 3:29,30.
[47]Jehú, 1 Reyes 19:16,17, 2 Reyes 9:2-31; 10:1-36; 12:1; 13:1; 14:8; 15:12; 2 Crónicas 22:7-9; 25:17; Oseas 1:4; ver Obelisco negro de Salmanasar III en el Museo Británico.
[48]2 Reyes 8:25 ,27; 9:27; 2 Crónicas 22:1,3,9;
[49]Lucas 30:29.
[50]2 Reyes 11:2;12:1; 2 Crónicas 22:11; 24:1; Lucas 3:28,29.
[51]2 Reyes 14:1; 2 Crónicas 24:27; Mateo 1:8.
[52]Lucas 3.28.
[53]Azarías Uzías en los Anales de Teglat-Falasar III.
[54]2 Reyes 15:1; 2 Crónicas 26:1; Lucas 3:27,28.
[55]2 Reyes 15:32; 2 Crónicas 26:23; Mateo 1:9.
[56]2 Reyes 16:1; 2 Crónicas 27:9; Mateo 1:9. Ya-u-ja-si Ya-u-da-a en los Textos asirios de Teglat-Falasar III.
[57]2 Reyes 18:1, 2 Crónicas 28:27; 29:1 a 31:23; Mateo 1:9. Ver la Inscripción del túnel de Siloé, el Prisma Taylor de Senaquerib y el Texto de Nebi-Yunus.
[58]Isaías 38:1-22; 2 Reyes 20:21; 21:1-18; 2 Crónicas 32:24, 33; 33:1-20; Mateo 1:10; ver: Oración de Manasés. Ver Prisma B,54-VI con la campaña de Asaradón; también la Lsta de los reyes de Jatti tributando a Asurbanipal.
[59]2 Reyes 21:18; 2 Crónicas 33:20; Mateo 1:10.
[60]2 Reyes 21:26; 22:1 a 23:23; 2 Crónicas 33:25 a 35:19; Mateo 1:10. Los incidentes contemporáneos a los tiempos de Josías pueden verse en Herodoto.
[61]De Joacim leer en Josefo.
[62]2 Reyes 23:30 a 24:18; 2 Crónicas 36:1-11; Mateo 1:11. Ver Papiro de Adón pidiendo ayuda a Nabucodonosor.
[63]De Joaquín ver las Tabletas de la expedición de Koldewey, y el Ostracón de Laquis III; también el sello de Bet - Mirsim.
[64]2 Reyes 24:6-20; Jeremías 52:1-3; 2 Crónicas 36:8-11; Mateo 1:11. Ver Sello de Laquis con el nombre de su gobernador Godolías, y la tumba del ayudante de este Jazanías.
[65]Ezequiel 1:1; 3:16; 8:1; 20:1; 24:1,2; 29:1,17; 26:1; 31:1; 33:21; 40:1; 32:1; 48:35. Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[66]Jeremías 22:24-30.
[67]Mateo 1:11.
[68]Deuteronomio 25:5,6.
[69]Lucas 3:27.
[70]1 Crónicas 3:17.
[71]Mateo 1:12; 1 Crónicas 3:19. Zorobabel desciende de Salatiel por Pedaías contado como pariente de Jeconías que murió sin hijos, pero que tomaba su parentela como hermanos e hijos (1 Crónicas 3:16-18).
[72]Esdras 2:2; 3:2,8; Hageo 1:14; 2:2-9; Zacarías 4:9.
[73]Mateo 1:13; Lucas 3:27; 1 Crónicas 3:19,29 (Abiud = Hasuba; y Resa = Jusab-Hesed ó Berequías).
[74]Mateo 1:13; Lucas 3:27.
[75]Mateo 1:13; Lucas 3:26,27.
[76]Mateo 1:14; Lucas 3:26.
[77]Ibid.
[78]Mateo 1:14; Lucas 3:25.
[79]Mateo 1.15; Lucas 3:25.
[80]Mateo 1:15; Lucas 3:23-25. Matat Melqui III, uniendo los datos de Lucas y la Carta a Arístides de Julio Africano.
[81]Mateo 1:15.
[82]2 Reyes 24:17; 2 Crónica 36:10 (hermano en el sentido de pariente).
[83]Ciro, Ver la Crónica de Nabonides, el Cilindro de Ciro y los historiafores Beroso, Herodoto, Jenofonte y Josefo. De su hijo Cambises hablan también los Textos de Elefantina.
[84]Esdras 1:1 a 2:2; 3:2,8.
[85]Esdras 4:24; 5:2.
[86]Daniel 9:20-27.
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Gino Iafrancesco V., Bogotá D.C., Colombia, 2003. (Cap.2 de "Historia Cristiana").

(3) EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO

EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO



Dice el apóstol Pablo en su epístola a las iglesias de Galacia (Gálatas 4:4): "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley." Detengámos nos un poco en lo relativo al cumplimiento del tiempo.
También Pablo escribió a la iglesia en Efeso (Efesios 1:10): "(Dios) se había propuesto en sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." Aquí Pablo, a diferencia de Gálatas, que habla en singular de "tiempo", dice "tiempos" en Efesios.
En Gálatas es "cronos"; en Efesios es "kairós". En Gálatas se refiere, pues, al tiempo en su estructura lineal de sucesión cronológica, los años previstos para la llegada del Mesías en su primera venida, tal como profetizó Daniel. En Efesios se refiere a las diversas maduraciones, a las ocasiones oportunas de los eones o edades o períodos, o como se ha dado en llamar en los últimos siglos: dispensaciones.
De hecho, la humanidad, según Dios, ha pasado por diferentes etapas. Vivió cerca de cien años en estado de inocencia en el jardín del Edén, según se desprende de la fecha del nacimento de Set. Este fue un primer "kairós", una ocasión especial de prueba para el hombre frente al Árbol de la Vida, y frente al árbol de la ciencia del bien y del mal.
Pero el hombre quebrantó el pacto, como dice el profeta Oseas (Oseas 6:7), y entró en un segundo período a partir de su pecado y la subsiguiente expulsión del Edén. Nuevas cosas designó Dios para ellos a partir de allí, tales como la maldición de la tierra y sujeción de la creación en manos de Adam a la vanidad, el comer el pan con el sudor de la frente, los dolores en las preñeces y partos de la mujer, el volver al polvo tras la muerte, un nuevo régimen vegetariano más amplio, la cobertura provisional del sacrificio en espera de la Simiente prometida de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, el nuevo alimento de ésta, el polvo, que es el material con que está hecho el hombre, la autoridad delegada del hombre sobre la mujer, la condición caída de la naturaleza humana ahora vendida al poder del pecado en la carne, el conocimiento del bien y del mal; es decir, el gobierno de la conciencia, la conciencia de desnudez, la culpabilidad que se esconde de Dios, etc.. El gobierno de la conciencia, en este nuevo estado, fue ahora un segundo "kairós", una nueva ocasión en circunstancias diferentes para estar delante de Dios, pero bajo la misma provisión de gracia de Dios concedida en la promesa acerca de la Simiente de la Mujer, y ejemplificada en la cobertura de túnicas de pieles de un sacrificio. La Vida Divina ofrecida al hombre en el Edén por medio del Árbol de la Vida, es ofrecida en este nuevo "kairós" al hombre en la Fe de la Simiente de la Mujer, pues ésta aplastaría la cabeza de la serpiente destruyendo su imperio, que es el del pecado y la muerte.
Pero así como el "kairós" de la inocencia terminó con el pecado, el "kairós" de la conciencia terminó con el Diluvio, pues el hombre llegó a ser carne estando su corazón de continuo solamente en el mal (Génesis 6:5). Dios, pues, en su infinita misericordia, no queriendo destruir del todo al hombre que le hace doler el corazón, reservó a Noé y a su familia para repoblar la tierra, y con ellos estableció el régimen del gobierno humano, del hombre sobre el hombre. Este tercer "kairós" está representado en la vigencia dentro de la humanidad de las siguientes palabras de Dios a Noé y su familia: "Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.../...He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de Diluvio, ni habrá más Diluvio para destruir la tierra.../...Esta es la señal del pacto que Yo establezco entre mi y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mi y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mio, que hay entre mi y vosotros y todo ser viviente de toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.../...Esta es la señal del pacto que he establecido entre mi y toda carne que está sobre la tierra." (Génesis 9:1-17).
Vemos, pues, que ahora en este tercer "kairós" la dieta vegetariana se amplía a una que incluye a toda carne excepto su sangre. La pena de muerte se establece sobre el hombre y los animales, para que sea aplicada por el hombre sobre quien derrame la vida humana. Esto tiene vigencia universal. Dios hace un pacto, lo señala con el arco iris, y las promesas anteriores acerca de la Simiente de la mujer se mantienen incólumes. Entonces comienzan las primeras civilizaciones inmediatamente postdiluvianas. Se levanta Nimrod y las ciudades estados sumerias. También surgen los acadios, asirios, elamitas, antiguos caldeos y otros. Se levanta la torre de Babel en oposición a Dios, y el gobierno humano se envilece dando lugar a la tiranía. Satanás engaña las etnias de la tierra.
Entonces Dios llama a Abraham y le anuncia acerca de la Bendición que vendrá a las familias y naciones de la tierra, por medio de su Simiente; y un nuevo "kairós" se abre para estos elegidos, en función de la humanidad entera. Las demás naciones, ajenas por lo pronto a la fe y al conocimiento de la promesa, continúan bajo el régimen noético, si bien la promesa de la Simiente de la Mujer todavía les cobija; solo que aún desconocen que vendría por Abraham y su descendencia. La promesa abrahámica es confirmada a Isaak y a Jacob, y entonces surge la nación de Israel, entre cuyas tribus, la de Judá recibe una nueva promesa; de él provendrá Silo y el Cetro de Israel.
Con Moisés establece Dios el pacto de la Ley con Israel, para que esta nación sea ejemplo a las demás naciones y sea Su testigo en el mundo. Dios añadió la Ley, sin anular la promesa, sino para que al estar bajo el régimen de la Ley, se pudiese conocer la necesidad del Salvador, el Mesías, profetizado ahora también por Moisés, y tipificado por las instituciones, fiestas, sacrificios, ritos y jornadas de Israel. Este "kairós" añadido, no invalida aquel anterior de la promersa a Abraham y su simiente, pero prepara el "kairos" de la primera venida del Mesías en el "cronos" respectivo revelado a Daniel.
Despúes viene el "kairós" de la gracia defintivamente cumplida y manifiesta, el cual es el de la Iglesia, con la plenitud de los gentiles.
Entonces Dios se volverá a Israel para la segunda venida del Mesías, y el Reino de los Cielos Milenial tendrá lugar. Tras el habrá la resurrección de los demás muertos (pues los justos resucitarán antes y para el Milenio) y la liberación de Satanás del abismo en el cual será sellado por el Milenio; y tras la última rebelión de todos los réprobos, establecerá Dios Su Juicio Final.
Entonces habrá por la eternidad, con Dios y Su Mesías, Cielo Nuevo, Tierra Nueva, Nueva Jerusalem y las naciones que hubieren sido salvas. Dios sujetará a Cristo todas las cosas, y a su vez el Hijo le someterá todo al Padre, porque lo que es del Padre es del Hijo, y lo que es del Hijo es del Padre. Todo esto ha sido, es y será el cumplimiento de los tiempos de que habla Pablo en Efesios. Lo que ha sido y es: los tiempos, se dirigen a su cumplimiento: lo que será.
Dentro de esos tiempos está el cumplimento del cronos de la primera venida del Mesías, a la que se refirió Pablo en su epístola a los Gálatas. También Jesús se refirió al cumplimiento del kairós específico de Su primera venida. Kairós específico dentro del cronograma de los demás tiempos que corren hacia su pleno cumplimiento.
El profeta Daniel recibió de Dios, por el ángel Gabriel, una profecía acerca de los setenta septenarios (Daniel 9:20-27). Sesenta y nueve de ellos se pasarían desde la orden de Artajerjes en el año 20 de su reinado para restaurar y edificar Jerusalem hasta la visitación del Mesías. En el dia exacto en que se cumplían esos años, entró Jesús en un burrito a Jerusalem llorando porque no entendieron el dia de su visitación. Jesús llamaba la atención de sus contemporáneos a las señales de los tiempos.
También había otras profecías acerca del orden de los imperios mundiales. Babilonia tuvo su tiempo durante el cual Israel fue corregido de su idolatría. Entonces Persia tuvo su tiempo durante el cual fue restaurada la Casa y la Ciudad de Dios y el aprecio de la Ley y los Profetas. Entonces Grecia y sus reinos sucesores tuvieron su tiempo durante el cual se consolidó el Canon de las Sagradas Escrituras y se preparó la cultura para la difusión universal del Evangelio del Mesías. También Roma tuvo su tiempo durante el cual lo anteriormente preparado encontró realización y se abrió camino hacia toda la humanidad. En los tiempos de Roma llegó el Mesías, precisamente en el cumplimiento del tiempo, cuando la profecía, la filosofía, la cultura, la política, la religión, marcaban la hora del importantísimo "kairós" respectivo en su "cronos" previa y divinamente señalado.
Por eso podía decir el apóstol Pablo a los atenienses, en el mismo areópago, plataforma mayor de la cultura universal: "Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia ( y le llama ignorancia a la cúpula de la cultura humana en su capital universal), ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un dia en el cual juzgará al mundo con justicia, por Aquel Varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos." (Hechos 17:30, 31).
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Gino Iafrancesco V., Bogotá, Colombia, 2003. (Cap. 3 de "Historia Cristiana").